¿DÓNDE ESTÁ NUESTRO NIÑO INTERIOR?

Todos nosotros debemos  avanzar por este camino llamado vida porque es nuestro ciclo,  que nos lleva a  asumir responsabilidades y a medida que vamos creciendo nos lleva a  conseguir diferentes tipos  de cosas que soñamos, que buscamos o que simplemente van llegando a nosotros, por momentos crece nuestro orgullo,  y por algún motivo nos vemos en la necesidad de  seguir aferrándonos a lo material, buscamos alimentar nuestra vida con ascensos a nivel laboral, logros de todo tipo, buscamos cada vez más dinero, necesitamos de crear nuevas relaciones, queremos casas más grandes y buscamos tener más acceso a la tecnología.

Pero si perdiéramos todas las  cosas materiales y revisaremos nuestro interior atentamente, de manera objetiva  nos daríamos cuenta que dentro de nosotros crecen vacíos y con esto no quiero decir que no debemos ser ambiciosos o luchar por nuestros sueños, metas y objetivos, me refiero simplemente ¿en dónde queda esa ilusión espontánea de nuestra niñez por la vida de quien lo sueña todo, con ser un gran futbolista, luchador arqueólogo pero se conforma con nada? porque la vida es maravillosa y es el mayor regalo. A veces nuestro niño interior nos habla y nosotros no lo escuchamos, lo hacemos trizas, nos pide salir, quiere libertad, de nuevo desea ser espontáneo, nos pide jugar desenfrenadamente y ser reconocidos por nuestra alegría, por la inocencia que hemos perdido al crecer.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Si nos preguntamos ¿Cuál es la mejor época de nuestra vida?, seguramente la respuesta debe ser nuestra infancia, porque esta maravillosa  época de la vida todos solemos recordar con mucho cariño, sin importar muchas condiciones que por X o Y vivimos y esto se da porque cuando somos niños, tenemos una fuente inagotable de energía, tenemos una imaginación que es capaz de convertir cualquier objeto en un juguete, de llevarnos en una caja de cartón a la Luna o tenemos el juguete más hermoso así ya este algo trajeado, tenemos un entusiasmo que no se termina, cualquier actividad que realizamos se puede convertir en nuestra mayor aventura. ¿Y Ahora que somos adultos dónde está ese niño interior?

La vida es un camino que debemos recorrer y por eso recorremos varias  etapas hasta convertirnos en  adultos, y cuando esto sucede llegan las responsabilidades  que se adueñan de nuestras vidas, aparece el estrés  y es casi un hecho que nos olvidamos de tener un espacio  durante nuestra vida adulta para jugar, de soñar  para conectar con nuestro niño interior.

Si miramos hacia atrás sin prejuicios, analizamos y observamos a ese niño   nos vamos a dar cuenta que su  esencia es  y será una pieza fundamental que nos ha hecho llegar a donde  estamos ahora.

Ese niño  jamás se ha ido, no ha muerto sigue viviendo dentro de  nosotros porque él  representa la esencia más puras de nosotros ese niño es el símbolo de nuestros sueños, de las ganas de aprender, de experimentar, y de permitirnos mirar  el mundo con esperanza y fé, y como cualquier niño deseamos ser amados y cuidados. Cuando hablamos de amor no nos referimos sólo al amor que nos puedan dar los demás, sino también el que parte de nosotros mismos.

Durante todo nuestro proceso de crecimiento  jamás dejamos de aprender y es  muy normal que nos equivoquemos una y otra vez  y esto hace parte del  ¡camino y del aprendizaje!,  y como adultos tendemos a ver nuestros  errores como fallos y no como lo que realmente son Partes de un camino en la vida, equivocarnos no es fracasar, es sinónimo de  aprendizaje y de que hemos intentado, hemos luchado

Porque debemos vivir  creandonos prejuicios, lo que realmente debemos hacer es jugar, correr, saltar, realizar todo tipo de actividades que su único fin sea sacarnos una sonrisa, no importa el no obtener dinero o un aprendizaje práctico, importante recuperar la ilusión y el soñar despiertos, ese entusiasmo que recordamos como un tesoro de la infancia.

Ese niño interior está esperando que le demos la oportunidad de salir. necesitamos divertirnos, que nadie nos diga que volver a disfrutar de las pequeñas cosas, juguetes, dibujos animados, películas de superhéroes, coleccionar figuras de acción es un signo de inmadurez, es ¡todo lo contrario! porque esto nos va a permitir mantener una salud física y mental.  Nosotros necesitamos reencontrarnos con ese niño y la mejor forma es ver esas fotos de cuando éramos pequeños y vernos en ese espejo, sentir que ese niño sigue ahí para disfrutar la vida.

Yo cuento con la dicha de tener a Caro mi esposa, quien  me ayuda a mantener ese niño interior a flote, me acompaña a ver todas las películas de superheroes asi quizás no sean su género preferido, me regala figuras de acción de Batman, me acompaña a ver juguetes e intentamos salir y disfrutar de las pequeñas cosas como maravillarnos del cambio de tonalidad del verde del eje Cafetero con el verde de la sabana de Bogotá, disfrutar como niños el saltar en el mar, jugar play, juegos de mesa como el parqués; porque aunque crecemos no queremos perder la mirada de un niño.

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